martes, 1 de marzo de 2011

Black Swan (Cisne negro) y el “cuerpo sin órganos”

Consideraciones intempestivas sobre el devenir-animal

Por Ricardo Etchegaray

El afecto [es] el devenir no humano del hombre.[1]

Quisiera aclarar desde el comienzo un posible equívoco (aunque sólo sea para dar lugar a la multiplicidad de equívocos sin aclarar que seguirán a continuación): el título no pretende señalar una analogía de las fuerzas oscuras y maléficas personificadas en el “cisne negro” (la cara tenebrosa de Nina Sayers, interpretada por Natalie Portman) con el concepto de “cuerpo sin órganos” creado por Deleuze y Guattari, inspirados en Artaud. Tampoco sirve la pretendida analogía cuando se interpreta la figura del cisne negro como la expresión de la sensualidad o la pasión enfrentadas al control, a la conciencia y a la racionalidad, según el viejo pero nunca abandonado paradigma platónico[2]. Nuestra intención es relacionar el film de Aronofsky (no uno de sus personajes y tanto más cuando el cuerpo sin órganos se opone a los conceptos de personaje, persona, sujeto y organismo) con el concepto de Deleuze y Guattari.

En una entrevista, Aronofsky explicita algunas referencias del film: Repulsión y El quimérico inquilino de Roman Polanski, La mosca de David Cronenberg, El doble de Fiódor Dostoievski, El lago de los cisnes de Piotr Ílich Chaikovski y su propia obra anterior El luchador[3]. Estas noticias pueden ser instructivas para los cinéfilos o para los críticos, pero no resultan útiles cuando se trata de pensar un concepto, al menos si se quiere ir más allá de una representación.

Desde nuestra perspectiva, toda la película no deja de ser un intento de pensar… el cuerpo. En la entrevista antes citada, Toni García –como suele ocurrir en estos casos- quiere mostrar a sus lectores –y tal vez al mismo entrevistado- que es un periodista informado, que conoce la obra anterior del director y que es capaz de hacer comparaciones y marcar diferencias. Desde esa pretensión, dispara: “Cisne negro es su película más física hasta la fecha”. Y la respuesta no deja de sorprender: “Sí. Me interesa muchísimo ese concepto, absolutamente presente en el ballet, por el cual se intenta alcanzar la perfección a través del cuerpo, del físico”.

En su libro sobre Nietzsche, Deleuze insiste una y otra vez en la observación de Spinoza: “ni siquiera sabemos lo que puede un cuerpo”. Y aclara que este autor advertía que “…hablamos de la conciencia, y del espíritu, charlamos sobre todo esto, pero no sabemos de qué es capaz un cuerpo, ni cuáles son sus fuerzas ni qué preparan”[4]. De eso se trata en el film de Aronofsky: de saber lo que puede un cuerpo, de experimentar, de llevar las fuerzas hasta su extremo. Sin embargo, el cuerpo así concebido no debe confundirse con la substancia como materia formada, ni con el organismo como vida estructurada. Deleuze y Guattari inventan el concepto de “cuerpo-sin-órganos” para referirse a las fuerzas que impulsan a la vida hasta el extremo. Es aquello que Spinoza llamaba conatus y Nietzsche conceptualizaba como voluntad de poder[5]. Deleuze advierte que “eso es el deseo”, pero no como lo entiende el psicoanálisis –es decir, como límite, como ley, como carencia- sino como “continuos de intensidad, bloques de devenir, emisiones de partículas, conjugaciones de flujos[6]. Así como la substancia aristotélica supone la materia, así el cuerpo organizado supone[7] el cuerpo-sin-órganos. Pero no hay que entender este supuesto como una parte del todo organizado, ni como un estado anterior del desarrollo o como una etapa más primitiva o menos evolucionada.

“El problema con el pensamiento occidental –dice Claire Colebrook en su libro sobre Deleuze- es que comienza en el ser [substancia o sujeto], al que entonces se imagina como actuando o moviéndose. Además, esto ha tendido a privilegiar al hombre como ser fundamental; es el hombre el que conoce o el sujeto que ve un mundo que cambia y se mueve. Deleuze, sin embargo, insiste en que toda la vida es un plano de devenir, y que la percepción de seres fijos - como el hombre - es un efecto del devenir. Para realmente pensar y encontrar la vida no tenemos que seguir viéndola en términos fijos e inmóviles. Esto quiere decir que el pensamiento mismo tiene que hacerse móvil y liberarse de los fundamentos fijos como el filósofo imagina a todo ser.”[8]

Se supone que el psicoanálisis ha cambiado radicalmente nuestra concepción de la realidad al pensar novedosamente la vida psíquica desde lo inconsciente. Sin embargo, el psicoanálisis no ha dejado de pensar el deseo de manera negativa y reactiva. “Indudablemente –advierte Deleuze- caracterizar a estas fuerzas activas es más difícil. Ya que, por naturaleza, escapan a la conciencia: «La gran actividad principal es inconsciente»[9]. La conciencia expresa solamente la relación de algunas fuerzas reactivas con las fuerzas activas que las dominan. La conciencia es esencialmente reactiva[10]; por eso no sabemos lo que puede un cuerpo, de qué actividad es capaz”[11]. Las fuerzas reactivas son aquellas que parten de la evaluación de las limitaciones, de la conciencia de lo que no se puede. Por el contrario, las fuerzas activas experimentan lo que pueden sin partir del límite sino del exceso, del extremo de su potencia. De allí que Nietzsche sostenga que la conciencia sea esencialmente reactiva, mientras que el cuerpo expresa las fuerzas activas, las fuerzas dominantes. Cuerpo y actividad son, así, sinónimos. En consecuencia, sería un error interpretar el cuerpo reactivamente. Y es ése precisamente el error que Nina, la protagonista del film, ha cometido en su vida hasta entonces, siguiendo la tendencia desarrollada por su propia madre y por la mayor parte de los artistas del ballet. La conciencia reactiva piensa desde el límite, desde el ideal, desde el modelo. Como cuando se dice: “¡Se me hizo!”. “He realizado mi proyecto, mi ideal de vida”. Las fuerzas activas, en cambio, siempre realizan algo inesperado, algo que excede las expectativas, algo que supera los límites. El término que se utiliza en el film para referirse a las fuerzas reactivas es “control”. Thomas Leroy, el director artístico de la compañía, no deja de señalarlo: – “¡Let it go!”. –“Toda esa disciplina, ¿para qué?”.

Hay tres figuras en la película que expresan las fuerzas reactivas. En primer lugar, la figura materna, que no deja de controlarla, día y noche, en la casa y fuera de ella. Señala permanentemente el límite, lo que no se puede, la renuncia, la culpa: “Renuncié a mi carrera para tenerte”. El límite puesto de antemano llega hasta tal punto que decide que la hija no va a lograr soportar la presión del debut y llama para avisar que no va a asistir porque está enferma. “Es toda esta presión –dice-. Sabía que sería demasiado”. En segundo lugar, el ideal, el modelo, Beth MacIntyre (Winona Ryder). Thomas le advierte: “Todo lo que Beth hace viene de un impulso oscuro”. Sin embargo, no hay que confundir ese impulso con una fuerza activa, sino todo lo contrario. Beth se identificó con su propio ideal, lo puso como su propio límite y como una frontera absoluta. Sólo quiere mantener lo conquistado. Ya no es capaz de crear, de ir más allá. Beth es un límite para Nina. Al imitarla, reactiva sus propias fuerzas activas. Se apropia de sus pertenencias, ocupa su camarín, la sucede en el estrellato. Pero, por eso mismo, no es capaz de desarrollar sus propias fuerzas, no es capaz de crear. En tercer lugar, pero no en último término, la misma Nina: el yo, la conciencia, la subjetividad. Para expresar estas fuerzas el film duplica las imágenes de la protagonista pero, como ya se dijo, no hay que interpretar esto como la oposición entre el control y la trascendencia, la razón y la pasión, la imperturbabilidad y la seducción. No se trata de dos fuerzas del mismo tipo aunque opuestas entre sí, sino de dos tipos de fuerzas. Las fuerzas reactivas son siempre dependientes: su acción es sólo re-acción. Reacción a la historia materna, reacción a la provocación del maestro, reacción a la competencia, reacción al ideal, al modelo, a la disciplina, a la puesta de límites.

En última instancia, Nina es su propio límite: “La única que está metida en tu camino eres tú [tu propio yo]” –le dice Thomas. Ese yo reactivo, que parte del límite, presenta un aspecto completamente diferente desde dentro y desde la grieta que lo abre al exterior. Este último aspecto se representa en el film de dos maneras. Por un lado, mediante el juego de reflejos en los vidrios y en los espejos[12]. En este caso, la imagen de los otros adquiere el rostro de Nina o su propia imagen actúa autónomamente sin seguir los movimientos del cuerpo. Por otro lado, actúa en los sueños[13], encarnándose no solamente en su propia imagen sino en todas las imágenes al mismo tiempo. En los sueños, Nina es la totalidad de las fuerzas en relación. El yo como límite se expresa también en el cuerpo: lo vuelve reactivo. Los órganos resisten las mutaciones, reaccionan ante lo nuevo. El estómago rechaza el alimento; el diafragma no le deja respirar; las articulaciones se resienten; el organismo sufre[14].

“Y lo que decimos de la conciencia –sigue Deleuze- debemos también decirlo de la memoria y del hábito. Aún más: debemos decirlo incluso de la nutrición, de la reproducción, de la conservación, de la adaptación. Son funciones reactivas, especializaciones reactivas, expresiones de tales o tales fuerzas reactivas[15][16]. El cuerpo de Nina rechaza los alimentos prescriptos por la disciplina, incluso aquellos que parecen transgredir la ley, como cuando la madre le ofrece un pastel para festejar su nombramiento en el papel de la reina cisne. La vitalidad reactiva[17] apunta a la conservación, a la adaptación, a mantener lo logrado.

“La actividad de las fuerzas necesariamente inconsciente, esto es lo que hace del cuerpo algo superior a cualquier reacción, y en particular a esta reacción del yo llamada conciencia: «Todo el fenómeno del cuerpo, desde el punto de vista intelectual, es tan superior a nuestra conciencia, a nuestro espíritu, a nuestras maneras conscientes de pensar, de sentir y de querer[18], como el álgebra es superior a la tabla de multiplicar»[19]. Las fuerzas activas del cuerpo, he aquí lo que hace del cuerpo un «sí mismo» y lo que define a este «sí mismo» como superior y sorprendente: «Un ser más poderoso, un sabio desconocido - que tiene por nombre ‘sí mismo’. Vive en tu cuerpo, es tu cuerpo»[20]. (…) «¿Qué es lo que es activo? Tender al poder»[21]. Apropiarse, apoderarse, subyugar, dominar, son los rasgos de la fuerza activa. Apropiarse quiere decir imponer formas, crear formas explotando las circunstancias[22].[23]

Las fuerzas activas no persiguen lo esperado, la conservación o la adaptación, sino lo superior, en el sentido de lo más alto, lo dominante, lo inesperado, lo que excede. No se trata de la sabiduría conocida sino desconocida, que no se deriva de lo que ya sabemos. Las fuerzas activas tienden al poder. No se trata de ser “el mejor” entre varios concursantes que compiten por un puesto o un lugar. Tal es el criterio de la mayoría de los miembros del ballet, con la (tal vez) sola excepción de Lily[24] (interpretada por Mila Kunis), que parece expresar el exceso, lo exterior, la desmesura, la hybris.

El personaje que expresa las fuerzas activas con mayor claridad es, por supuesto, el Master (Amo-Maestro) Thomas. Lo que hace y lo que dice activa y re-activa las fuerzas con las que se relaciona, en primer lugar, las de Nina. A veces se vale de la provocación, dado que no se sabe lo que puede un cuerpo. Por supuesto, sabemos algo de lo que puede: Nina puede interpretar a Odile, el personaje del cisne blanco, a la perfección, pero no se sabe si puede interpretar igualmente a Odette, el cisne negro. Así que Thomas provoca las fuerzas capaces de hacerlo, sabiendo que no debe obrar sólo por reacción ni reactivamente. En una escena del film, después de despedir al resto de los bailarines, Thomas se queda a solas con Nina, provocándola. Ella reacciona, pero no toma la iniciativa. Al final del frustrado intento, le dice: “Este fui yo seduciéndote, cuando tiene que ser al revés”. A veces, Thomas parece desalentarse. Sin embargo, insiste. En otra escena, hace repetir una y otra vez el mismo movimiento. Ella se queja y le pregunta cuáles son las correcciones que hay que hacer. Él le reprocha que no deje de quejarse y cuando ella lo niega, le dice: “Puedes ser brillante, pero eres una cobarde”. Ella le pide disculpas y él se enoja aún más: “¡No, deja de decir eso! Es exactamente de lo que hablo. Deja de ser tan débil”, y hace repetir el movimiento una vez más. En lugar de activar sus fuerzas, Nina sólo reacciona: pide disculpas, se muestra obediente, solicita órdenes, orientaciones. Pero, a pesar de esos resultados desalentadores, Thomas intuye que Nina puede hacerlo (“Puedes ser brillante”) y persiste en su intento de activar las fuerzas afirmativas y creativas de la bailarina.

Volvamos por un momento a dos cuestiones en las que no nos detuvimos. Aronofsky dice que en el ballet “se intenta alcanzar la perfección a través del cuerpo”. Por supuesto, esta perspectiva se expresa varias veces a lo largo del film, hasta el final en que Nina exclama antes de morir: “Me sentí perfecta”. (…) “Fue perfecto”. Pero ¿qué se entiende por “perfección”? Se trata de un concepto que proviene de la tradición griega, para la cual lo natural tiende hacia su realización plena y también hacia su límite y medida. En sus lecciones en la Universidad de Berlín, Hegel enfatiza este impulso que atraviesa toda la cultura griega y que se expresa espléndidamente en el cultivo de los cuerpos antes que en sus esculturas. Es un concepto ajeno a la tradición cristiana que destaca por el contrario la finitud y la falta, características de lo humano. Sin embargo, el concepto griego no es adecuado aquí. En primer lugar, porque el ballet no parece ser una formación plena del cuerpo sino una suerte de deformación. En segundo lugar, porque la desmesura, la ruptura de los límites, no puede ser considerada (desde la tradición griega) una perfección, y la transformación de Nina, su devenir-cisne, la transgresión de todos los lugares y de todas las identidades (hija, discípula, mujer, miembro de la compañía, primera figura, etc.) expresa mejor el contrario exacto de lo perfecto: lo monstruoso.

En el film hay un camino de transformación que es inverso al del Lago de los cisnes. En la obra de Chaikovski se parte de la degradación (la princesa convertida en cisne por obra de la magia) para intentar recuperar la forma superior, humana, por mediación del amor verdadero. En la obra de Aronofsky se parte de la perfección (como intérprete) alcanzada por Nina para devenir-cisne. En el primer caso cabe hablar de perfección-deformación-degradación; en el segundo, no. Nina no desea recuperar una perfección perdida por efecto de las fuerzas oscuras de la magia, sino crear en su acción, en su imaginación y en su pensamiento una realidad diferente, más alta, a la que llama perfección. El deseo de Nina es devenir-cisne. No quiere alcanzar la perfección del cuerpo sino experimentar lo que el cuerpo puede. No es la perfección de la técnica ni del control. “La perfección no es sólo control –dice Thomas-. Es también perderse. (…) sorprender…”. Ésta es la segunda cuestión que demanda un mayor detenimiento: ¿qué significa “devenir”?

Por lo general se identifica el devenir con el cambio, con la transformación. Nina “deviene cisne” significaría “se convierte en cisne”. La substancia cambia de forma. Se trans-forma. Se de-forma. Se in-forma. Esta interpretación estaría avalada por el mismo Aronofsky cuando cita como referentes la leyenda del hombre lobo, La mosca o El doble. Se trataría, entonces, de describir una transformación (formación o deformación). Es el modelo del cambio substancial de Aristóteles: la semilla se transforma en árbol por obra de la naturaleza; el árbol se transforma en madero por obra del leñador; el madero se transforma en mesa por obra del carpintero. La “misma” materia adquiere diferentes “formas”. La descripción de estos procesos de transformación es la historia. Pero hay que distinguir el devenir y la historia. “Lo que la historia capta del acontecimiento –escribe Deleuze- son sus efectuaciones en estados de cosas, pero el acontecimiento, en su devenir, escapa a la historia. La historia no es la experimentación sino solamente el conjunto de condiciones (prácticamente negativas) que hacen posible experimentar algo que escapa a la historia. En un gran libro de filosofía, Clio, Péguy explicaba que hay dos maneras de considerar el acontecimiento: una consiste en recorrerlo en toda su longitud, registrando su efectuación en la historia, sus condicionamientos y su degradación en la historia; la otra consiste en elevarse hasta el acontecimiento, instalarse en él como en un devenir, rejuvenecer y envejecer en él al mismo tiempo, atravesar todos sus componentes o singularidades. El devenir no es la historia, la historia designa únicamente el conjunto de condiciones (por muy recientes que sean) de las que hay que desprenderse para ‘devenir’, es decir, para crear algo nuevo”.[25] Cisne negro no relata una historia sino que presenta un acontecimiento en su devenir. El conjunto de condiciones (las luchas de Nina con su madre, con el director, con las otras bailarinas e, incluso, consigo misma, con sus propias identidades anteriores) no hacen al acontecimiento en su devenir. Se limitan a registrar semejanzas y desemejanzas, formaciones y deformaciones. No se trata de una sucesión o de una continuidad. No se trata de un camino de ida o de vuelta (del humano al cisne o del cisne al humano). Se trata de un devenir cisne de Nina y de un devenir Nina del cisne. En el acontecimiento ir y venir, progresar y regresar, rejuvenecer y envejecer, se producen “al mismo tiempo”. El devenir-cisne consiste en “atravesar todos sus componentes o singularidades”, experimentar todo lo que el cuerpo puede, actuar su potencia hasta el extremo.

El núcleo del acontecimiento es el devenir[26]. No es aquello que le da origen (Nina como sujeto) ni tampoco aquello a lo que se llega (Nina como estrella reconocida, como finalidad[27] de todo el proceso[28]). El núcleo es el devenir: los actos que atraviesan todas las singularidades, las distintas luchas para desprenderse de las identidades que la atan a la historia (pasada, presente o futura, poco importa). Nina[29] no designa a una persona, ni a un sujeto, ni a una esencia o substancia. Nina designa un acontecimiento en su devenir. Un devenir-cisne.

Hay que evitar la tendencia a encajar el devenir en la historia. Por eso Deleuze sostiene que más bien pertenecen a la geografía[30] (siempre y cuando se la piense dinámicamente: geografía del movimiento). No se trata de una geografía descriptiva, de un intento de representar lo dado. Se trata, más bien, de dibujar planos que no son imágenes a escala. Es como en la pintura no figurativa: no se trata de reflejar la imagen que se ve sino de hacer aparecer la realidad que no se ve. “No sabemos lo que un cuerpo puede…”

“Los devenires son fenómenos de doble captura, de evolución no paralela, de bodas entre dos reinos. (…) La abeja y la orquídea nos dan el ejemplo. La orquídea aparenta formar una imagen de abeja, pero de hecho hay un devenir-abeja de la orquídea un devenir-orquídea de la abeja, una doble captura, puesto que ‘lo que’ cada una deviene cambia tanto como ‘el que’ deviene. La abeja deviene una parte del aparato de reproducción de la orquídea, y la orquídea devine en órgano sexual para la abeja. Un mismo y único devenir, un único bloque de devenir”[31]. El devenir-cisne de Nina y el devenir-Nina del cisne. Un encuentro de dos reinos heterogéneos. Para poder capturar el reino de los cisnes, Nina debe aventurarse en un movimiento de desintegración de sus propios componentes. No de sus partes, sino de sus relaciones. Progresivamente va “desterritorializando” las relaciones, les va dando una nueva dirección, cambia la aceleración, la intensidad, hasta que todo se precipita como en una pendiente. Al final tiene que desligarse de sí misma, incluso de aquellos elementos de sí que le permitieron trazar la línea de fuga y emprenderla. Tiene que deshacerse de la escalera por la que ascendió, como Hernán Cortés, debe quemar las naves. Lily fue esa nave que le permitió abandonar los territorios conocidos. Lily fue esa brecha, esa fractura en el sistema de relaciones. Por eso, el último combate es contra Lily: ella tiene que morir. Pero Lily no es más que la objetivación de su propia identidad estructurada, no es más que el conjunto de reglas/transgresiones que componen su realidad. La lucha contra Lily es, entonces, una lucha contra sí misma, contra un sistema que ha ido marcando con su sello cada uno de los rasgos que la identifican. Lily es la última relación-atadura que la liga al sistema. Sin embargo, como advierte Deleuze, “la fuga continúa siendo una operación ambigua. ¿Quién puede asegurarnos que en una línea de fuga no vamos a encontrar todo aquello de lo que huimos?”[32] Es una lucha tensa y ambigua, porque al atacar al sistema, socava los fundamentos de su propia identidad. Nina “lleva las marcas de la dominación en su propia identidad”[33] y no puede desligarse de ellas sin desintegrarse, sin destruirse.

“¿Qué hacer –pregunta Deleuze- para que la línea de fuga no se confunda con un puro y simple movimiento de auto-destrucción, el alcoholismo de Fitzgerald, el desánimo de Lawrence, el suicidio de Virginia Woolf, el triste fin de Kerouac? La literatura[34] angloamericana está atravesada por un oscuro proceso de demolición que arrastra consigo al escritor”[35]. ¿Sucumbe Nina a este “oscuro proceso de demolición”? “¿Una muerte feliz?”[36] ¿Es una muerte “sublime”[37]? ¿Es el destino ineludible del narcisismo, que al confundir la imagen con la realidad, termina por ser destruido por ésta? ¿“Morir de éxito”[38]? ¿Elección forzada ante el dilema[39]? Son interpretaciones posibles/plausibles.

Deleuze advierte, sin embargo, que la tendencia a pensar en perspectiva “histórica” en lugar de devenir, nos induce a poner el acento en los orígenes y en los finales. El desafío es pensar el medio, los segmentos que se agregan a la línea quebrada. “Lo interesante es el medio”[40], no el resultado ni el final. Lo interesante es el devenir. Deleuze dice de la literatura angloamericana lo que podría muy bien decirse del film de Aronofsky: “no cesa de presentar esas rupturas, esos personajes que crean su línea de fuga, que crean gracias a la línea de fuga. (…) En ellos todo es huida, devenir, paso, salto, demonio, relación con el exterior. Crean una nueva Tierra, pero es muy posible que el movimiento de la tierra sea la desterritorialización misma”[41]. Devenir-revolucionario.



[1] Deleuze, G.-Guattari, F.: 1993, p. 174.

[2] Cf. Bargach-Mitre, F., El cisne negro: sublime agonía, Escáner Cultural. Revista Virtual de Arte Contemporáneo y nuevas tendencias, en: http://revista.escaner.cl/node/3247

[3] Cf. García, T., Entrevista a Darren Arnofsky, director de Cisne negro: “El lago de los cisnes es la historia de un hombre lobo”, Venecia, 18/2/2011, en: http://www.elpais.com/articulo/cine/lago/cisnes/historia/hombre/lobo/elpepuculcin/20110218elpepicin_2/Tes

[4] Deleuze, G., Nietzsche y la filosofía, Editorial Anagrama, Barcelona, 1971, p. 59.

[5] “Un cuerpo sin órganos es un cuerpo no organizado, como lo sería el cuerpo de un bebé, pura vitalidad poderosa que busca ampliar sus propias fuerzas: un cuerpo hecho de afectos, de intensidades, en el que se pueden encontrar umbrales, zonas, polos. Un cuerpo como voluntad de poder. El cuerpo sin órganos no es algo dado, es más bien un límite que tenemos que alcanzar, si queremos que la vida y el deseo fluyan. Hay que hacer que salten algunas cosas a través de las líneas de fuga, mediante procesos de desterritorialización. En algunos casos harán falta aliados para lograrlo. Por todo ello, porque es un proceso que se hace y se deshace, porque es un camino en el que también pueden surgir malos encuentros, sólo pacientemente y con infinita prudencia podemos emprenderlo. El cuerpo sin órganos designa un uso del cuerpo”. (Maite Larrauri, El deseo según Gilles Deleuze, Editorial Tandem, p. 24. Énfasis nuestro).

[6] Deleuze, G.-Parnet, C., Diálogos, Valencia, Editorial Pre-Textos, 1980, p. 119.

[7] “…Así como el mecánico supone una máquina social, el organismo supone un cuerpo sin órganos, definido por sus líneas, sus ejes y gradientes, todo un funcionamiento maquínico distinto tanto de las funciones orgánicas como de las relaciones mecánicas. El huevo intenso, pero no materno, sino contemporáneo siempre de nuestra organización, subyacente a nuestro desarrollo” (Deleuze, G.-Parnet, C., Diálogos, Valencia, Editorial Pre-Textos, 1980, p. 119. Énfasis nuestro).

[8] Colebrook, C., Gilles Deleuze, London-New York, Routledge, 2002: XX-XXI.

[9] Nietzsche, F., La voluntad de poder, II, 227 [Citado por Deleuze].

[10] Nietzsche, F., La gaya ciencia, 354. [Citado por Deleuze]

[11] Deleuze, G., Nietzsche y la filosofía, Editorial Anagrama, Barcelona, 1971, p. 62.

[12] Cf. Žižek, S., Mirando al sesgo. Una introducción a Jacques Lacan a través de la cultura popular, Buenos Aires, Paidós, 2000, capítulo 1.

[13] “Este tipo de desplazamiento retroactivo de los acontecimientos ‘reales’ hacia la ficción (el sueño) no es una ‘transacción’, un acto de conformismo ideológico; sólo aparece como tal si sostenemos la oposición ideológica ingenua entre la ‘dura realidad’ y el ‘mundo onírico’. El énfasis cambia radicalmente en cuanto tomamos en cuenta que precisamente en los sueños, y sólo en ellos, encontramos lo real de nuestro deseo. Nuestra realidad común cotidiana, la realidad del universo social en el cual asumimos nuestros roles de personas decentes y bondadosas, se convierte en una ilusión basada en una cierta represión, en pasar por alto lo real de nuestro deseo. Esta realidad social no es entonces más que una débil telaraña simbólica que la intrusión de lo real puede desgarrar en cualquier momento” (Žižek, S., Mirando al sesgo. Una introducción a Jacques Lacan a través de la cultura popular, Buenos Aires, Paidós, 2000, p. 36).

[14]Yo os enseño el superhombre. El hombre es algo que debe ser superado. ¿Qué habéis hecho para superarlo? Todos los seres han creado hasta ahora algo por encima de sí mismos: ¿y queréis ser vosotros el reflujo de ese gran flujo y retroceder al animal más bien que superar al hombre?” (Nietzsche, F., Así habló Zaratustra, Prólogo, 3.

[15] Nietzsche, F., La voluntad de poder, II, 43, 45, 187, 390. [Citado por Deleuze]

[16] Deleuze, G., Nietzsche y la filosofía, Editorial Anagrama, Barcelona, 1971, p. 62.

[17] El artículo de M. Montse publicado en una página dedicada a la información empresaria expresa muy bien esta perspectiva de las fuerzas reactivas: “Cuando el director artístico de la compañía de Nueva York, Thomas Leroy (Vincent Cassel) decide sustituir a Beth MacIntyre (Winona Ryder) por Nina para su nueva producción del Lago de los Cisnes, saltan todas las emociones. Envidias, recelos, ambición y un instinto salvaje de supervivencia se desata en una película que no es más de un reflejo de lo que es la jornada laboral en muchas organizaciones. También está Lily (Mila Kunis), una joven que se incorpora a la compañía. Llena de vida, seguridad y espontaneidad es el polo opuesto a Nina y la chispa que enciende todos sus temores: Fragilidad, ingenuidad, inseguridad y mucho, mucho miedo al fracaso. La joven teme fallar, pero más aún acabar como su madre”. (http://www.expansion.com/2011/03/01/empleo/opinion/1298979732.html Énfasis nuestro)

[18] Nótese que Nietzsche alude a la posibilidad y realidad de un sentir, querer y pensar inconcientes. [Nuestra nota]

[19] Nietzsche, F., La voluntad de poder, II, 226. [Citado por Deleuze]

[20] Nietzsche, F., Así habló Zaratustra, I, «De los despreciadores del cuerpo». [Citado por Deleuze]

[21] Nietzsche, F., La voluntad de poder, II, 43. [Citado por Deleuze]

[22] Nietzsche, F., Más allá del bien y del mal, 259 y Nietzsche, F., La voluntad de poder, II, 63. [Citado por Deleuze]

[23] Deleuze, G., Nietzsche y la filosofía, Editorial Anagrama, Barcelona, 1971, p. 64.

[24] Lily expresa la fractura del orden, irrumpiendo siempre como una distorsión, como el elemento que disturba. Ella viene del exterior (San Francisco) irrumpiendo en medio del ensayo precisamente cuando Nina trata de concentrarse y controlar el personaje del cisne negro. En otra oportunidad, cuando Nina está siendo presentada a los críticos, periodistas y empresarios, hace oír su risa burlona precisamente en el momento en que se demanda la atención para Nina. También irrumpe en la casa de Nina, cuando su madre redobla los esfuerzos para mantenerla bajo control, incitándola a salir, a tomar alcohol y consumir drogas, a bailar con desconocidos y a tener sexo.

[25] Deleuze, G., Conversaciones, Valencia, Pre-Textos, 1995, p. 144.

[26] “Escribir [o bailar] es un asunto de devenir, siempre inacabado, siempre en curso, y que desborda cualquier materia vivible o vivida. (…) La escritura [o el baile] es inseparable del devenir; escribiendo, se deviene–mujer, se deviene–animal o vegetal, se deviene–molécula hasta devenir–imperceptible. […] Devenir no es alcanzar una forma (identificación, imitación, Mimesis), sino encontrar la zona de vecindad, de indiscernibilidad o de indiferenciación tal que ya no quepa distinguirse de una mujer, de un animal o de una molécula: no imprecisos ni generales, sino imprevistos, no preexistentes, tanto menos determinados en una forma cuanto que se singularizan en una población” (Deleuze, G., Crítica y clínica, Barcelona, Anagrama, 1996, p. 11-12).

[27] No hay finalidad o teleología en el devenir. Por eso se expresan mejor con verbos en infinitivo: “Los verbos en infinitivo son devenires ilimitados” (Deleuze, G.-Parnet, C., Diálogos, p. 74).

[28] “Los procesos son los devenires, los cuales no pueden juzgarse por los resultados que alcanzan, sino por las cualidades de su transcurso y por la potencia de su continuación: es el caso de los devenires-animales o de las individuaciones no subjetivas” (Deleuze, G., Conversaciones, Valencia, Pre-Textos, 1995:232-33).

[29] “El nombre propio no designa un sujeto, designa algo que ocurre cuando menos entre dos términos, que no son sujetos, sino agentes, elementos. Los nombres propios no son nombres de personas, son nombres de pueblos y de tribus, de faunas y de floras, de operaciones militares o de tifones, de colectivos, de sociedades anónimas y de oficinas de producción. (…) El escritor [o el artista] inventa agenciamientos a partir de agenciamientos que le han inventado, hace que una multiplicidad pase a formar parte de otra. Ahora bien, lo difícil es hacer conspirar todos los elementos de un conjunto no homogéneo, hacerlos funcionar juntos. Las estructuras están ligadas a condiciones de homogeneidad, los agenciamientos no. El agenciamiento es el co-funcionamiento, la “simpatía”, la simbiosis. Contad con mi simpatía. La simpatía no es un vago sentimiento de estima o de participación espiritual: al contrario, es el esfuerzo o la penetración de los cuerpos, odio o amor, porque el odio también es una mezcla, un cuerpo, porque el odio sólo es bueno cuando se mezcla con lo que odia. Simpatía son los cuerpos que se aman o se odian, y que al hacerlo ponen poblaciones en juego en esos cuerpos o sobre ellos. Y los cuerpos pueden ser físicos, biológicos, psíquicos, sociales o verbales, pero siempre serán cuerpos o corpus. (…) Agenciar es estar en el medio, en la línea de encuentro de un mundo interior y con un mundo exterior. Estar en el medio. […] Pero la simpatía no es nada, es un cuerpo a cuerpo, odiar lo que amenaza e infecta la vida, amar allí donde prolifera (ni prosperidad ni descendencia, proliferación…). No, dice Lawrence, usted no es el esquimalito que pasa, amarillo y grasiento, usted no tiene por qué identificarse con él, lo que sí es muy probable es que usted tenga algo que ver con él, algo que agenciar con él, un devenir esquimal que no consiste en hacerse el esquimal, en imitarlo, en identificarse con él o en asumirlo, sino en agenciar algo entre los dos. Y lo mismo puede decirse de los locos, de los drogadictos y de los alcohólicos” (Deleuze, G.-Parnet, C., Diálogos, pp. 61-3). La obra de Chaikovski es todavía demasiado simple, porque opone y excluye el amor y el odio. No los comprende en su devenir.

[30] “Los devenires pertenecen a la geografía, son orientaciones, direcciones, entradas y salidas” (Deleuze, G.-Parnet, C., Diálogos, p. 6).

[31] Deleuze, G.-Parnet, C., Diálogos, pp. 6-7. “Un encuentro quizá sea lo mismo que un devenir o que unas bodas. Encontramos personas, pero también movimientos, ideas, acontecimientos, entidades. Y aunque todas estas cosas tengan nombres propios, el nombre propio no designa ni a una persona ni a un sujeto. Designa un efecto, un zig-zag, algo que pasa o que sucede entre dos como bajo una diferencia de potencial: ‘efecto Compton’, ‘efecto Kelvin’. Es lo mismo que decíamos para los devenires: no es que un término devenga el otro, sino que cada uno encuentra al otro, un único devenir que no es común para los dos, puesto que nada tienen que ver el uno con el otro, sino que está entre los dos, que tiene su propia dirección, un bloque de devenir, una evolución a-paralela. Eso es precisamente la doble captura, la abeja Y la orquídea: nada que esté ni en una ni en otra, aunque pueda llegar a intercambiarse, a mezclarse, sino algo que está entre las dos, fuera de las dos, y que corre en otra dirección. Encontrar es hallar, capturar, robar, pero no hay método, tan sólo una larga preparación” (Deleuze, G.-Parnet, C., Diálogos, p. 11). Una larga preparación de Nina para devenir cisne (toda su vida desde la niñez, e incluso antes, pues hay una preparación que se remonta a la madre de Nina); una larga preparación de Natalie Portman para devenir Nina (cinco horas diarias durante ocho meses). “Los devenires son actos que sólo pueden estar contenidos en una vida y que sólo pueden ser expresados en un estilo” (Deleuze, G.-Parnet, C., Diálogos, p. 7).

[32] Deleuze, G.-Parnet, C., Diálogos, p. 47.

[33] Gorlier, J. C., El constructivismo y el estudio de la protesta social, en Cuadernos de Investigación de la Sociedad Filosófica Buenos Aires, Número 4, Junio de 1998, p. 32. Cf. Žižek, S., 2001, p. 198.

[34] Deleuze está particularizando el caso de la literatura y del escritor, pero lo mismo puede ser dicho de todas las artes, en nuestro caso, de la danza; en todos los casos, de la vida.

[35] Deleuze, G.-Parnet, C., Diálogos, p. 48.

[36] Deleuze, G.-Parnet, C., Diálogos, p. 48.

[37] Bardach Mitre, F., Cisne negro: Sublime agonía, en http://revista.escaner.cl/node/3247

[38] Montse, M., El cisne negro, morir de éxito, en http://www.expansion.com/2011/03/01/empleo/opinion/1298979732.html

[39] Las “salidas” posibles serían la adaptación/sumisión, la locura o la muerte. Es decir, la salida es imposible. Cualquier alternativa es una mala opción. Desde esta perspectiva, puede establecerse una analogía entre Cisne negro y The Wall de Alan Parker.

[40] Deleuze, G.-Parnet, C., Diálogos, p. 48.

[41] Deleuze, G.-Parnet, C., Diálogos, pp. 45-46.

martes, 9 de noviembre de 2010

LO ESCRITO EN LA PIEDRA PERDURA PARA SIEMPRE




"El animal humano aprende todas las cosas como primero ha aprendido la lengua materna, como ha aprendido a aventurarse en la selva de las cosas y de los signos que lo rodean, a fin de tomar su lugar entre los otros humanos: observando y comparando una cosa con otra, un signo con un hecho, un signo con otro signo". (J. Ranciere)
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No les enseña a sus alumnos su saber, les pide que se aventuren en la selva de las cosas y de los signos, que digan lo que han visto y lo que piensan de lo que han visto, que lo verifiquen y lo hagan verificar. Lo que él ignora es la des­igualdad de las inteligencias.

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"En el mundo realmente invertido, lo verdadero es un momento de lo falso"
(Dubord, G., La Societé du Spctacle, Paris, Gallimard, 1992, p. 6; citado por Ranciére, J., El espectador emancipado, Buenos Aires, Manantial, 2010, 48).

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Citas de El Profesor, de F. McCourt, Barcelona, Círculo de Lectores, 2006.

Había asignaturas que trataban de cómo enseñar, impartidas por catedráticos que no sabían enseñar. (19)

Sonreía, y se notaba lo satisfecho que estaba de sus ideas. Nosotros le devolvíamos la sonrisa porque los catedráticos ostentan el poder. (28)

Con todo, me pregunté por qué las personas como esos miembros del tribunal examinador son tan maleducadas que te hacen sentir indigno. (34)

Al principio de cada curso decía a los nuevos alumnos de Creación Literaria: –Estamos metidos en esto juntos. Vosotros, no sé, pero yo esta asignatura me la tomo en serio, y estoy seguro de una cosa: al final del curso habrá en esta aula una persona que habrá aprendido algo, y esa persona, amiguitos, seré yo. Me parecía ingeniosa esa manera de presentarme como el más interesado de todos, elevándome por encima de las masas, de los perezosos, de los oportunistas, de los indiferentes. (119)

Los adolescentes no siempre están deseosos de que los hagan navegar por mares de especulación e incertidumbre. Les produce satisfacción saber que Tirana es la capital de Albania. No les gusta cuando el señor McCourt pregunta por qué trató mal Hamlet a su madre o por qué no mató al rey cuando tuvo ocasión. Está muy bien pasarse el resto de la hora dando vueltas y vueltas a esta cuestión, pero a uno le gustaría conocer la respuesta antes de que suene el condenado timbre. Con McCourt no, tío. Él hace preguntas, presenta sugerencias, genera confusión, y sabes que está a punto de sonar el timbre y tienes esa sensación visceral, venga, venga, ¿cuál es la respuesta?, y él no hace más que decir ¿qué creéis?, ¿qué creéis?, y suena el timbre y te ves fuera, en el pasillo, sin saber nada, y miras a otros chicos de la clase y se están llevando el dedo a la cabeza y preguntándose de dónde ha salido este tipo. Ves a los chicos de la clase de Marcantonio, que se deslizan pasillo abajo con esa 'expresión de paz que quiere decir: «Encontramos la respuesta. Encontramos la solución». Llegas a desear que McCourt tenga una vez, aunque sólo sea una vez, la respuesta a algo, pero no, te devuelve siempre la pelota. Puede que en Irlanda lo hagan así, pero alguien debería decirle que estamos en Estados Unidos y que aquí nos gusta tener respuestas. O puede que él mismo no sepa las respuestas y por eso devuelve siempre la pelota a la clase. Yo quería enseñar con la pasión de Fisher y la maestría de Marcantonio. Era halagador saber que centenares de alumnos querían estar en mis clases, pero dudaba de sus motivaciones. No quería que me menospreciaran. «Ah, la clase de McCourt no es más que una tontería. No hacemos más que hablar. Darle al bla, bla, bla. Si no sacas sobresaliente en su asignatura, tío, es que eres tonto perdido.» (119-120)

Debo felicitarme a mí mismo, dicho sea de paso, por no haber perdido la capacidad de hacer examen de conciencia, por no haber perdido el don de encontrarme a mí mismo falto y defectuoso. (126)

Los alumnos más serios no se quedan satisfechos. Alegan que en otras clases el profesor les dice qué deben saber. El profesor lo enseña, y tú tienes que aprenderlo. Luego, el profesor te pone un examen y tú recibes la nota que te mereces. Los alumnos más serios dicen que resulta tranquilizador saber por adelantado qué debes saber, para poder ponerte a aprenderlo. Dicen que en esta clase nunca sabes qué debes saber, así que ¿cómo vas a poder estudiarlo, y cómo vas a poder evaluarte a ti mismo? En esta clase nunca sabes lo que va a pasar de un día para otro. La gran pregunta al final del curso es: ¿cómo decide la nota el profesor? —Os diré cómo decido la nota. En primer lugar, ¿qué tal ha sido tu asistencia? En segundo lugar, ¿has participado? ¿Has salido a leer los viernes? Cualquier cosa. Relatos, redacciones, poesía, teatro. En tercer lugar, ¿has comentado los trabajos de tus compañeros? En cuarto lugar, y esto depende de vosotros, ¿puedes reflexionar sobre esta experiencia y preguntarte a ti mismo qué has aprendido? En quinto lugar, ¿te has quedado ahí sentado, soñando? Si ha sido así, súbete la nota. (150)

Descubre qué es lo que te gusta, y céntrate en ello. (153)

Era la hora de jubilarme, de vivir con la pensión de profesor, que era menos que espléndida. Me pondré al día con los libros que no pude leer en los últimos treinta años. (153)

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Maite Larrauri El deseo según Gilles Deleuze Editorial Tandem

La idea de que la filosofía es para los entendidos en filosofía es semejante a la de creer que los pintores sólo pintan para ser admirados por otros pintores o los músicos sólo componen para ser celebrados por otros músicos. Sin ser conocedores, expertos, se puede acceder a la emoción de un cuadro, de una melodía. Y lo mismo puede decirse de los textos filosóficos, a condición, claro está, de considerar que la filosofía tiene mucho en común con el arte. La filosofía no es contemplación, tampoco es comunicación, es una creación, de la misma manera que el arte lo es. Lo que el arte crea son nuevas relaciones con el mundo. (2)

Hay que acercarse a la filosofía como nos acercamos al arte. ¿Qué buscamos cuando vamos a una exposición o a un concierto? Esperamos que su-ceda un encuentro, que lo que vemos u oímos nos presente un mundo que deseamos capturar y hacerlo nuestro. Anhelamos poder decir ante un cuadro o un ritmo hasta entonces desconocidos: “¡esto es para mí, es mío!”. Y la vida se amplía y se hace más hermosa, porque gracias al arte resistimos frente a las opiniones corrientes, escapamos a la vulgaridad y al aburrimiento. […] La filosofía tiene que ser capaz de contagiar su propio movimiento, hacer que las ideas y las mentes se muevan, como los cuerpos se agitan al ritmo de la música popular que los invade. (3)

Es más fácil de decir que de hacer, porque es fácil decir que hay que vivir encontrando a las personas, las cosas, las ciudades, lo libros que a una le convienen, que los encuentros convenientes harán crecer la potencia de vida y por tanto la alegría. Lo difícil es saber cuáles son esas cosas que me convienen y cómo encontrarlas. ¿Existe un método? (11)

La propuesta de Deleuze para liberar la vida del lenguaje del ser y de los juicios trascendentes se podría expresar en forma de tres acciones: borrarse, experimentar, hacer rizoma. (12)

Lo que nos conviene puede ser reconocido por dos características: crecimiento y alegría. (14)

Cuestión de amor y de odio, no de juicio. En el amor hay composición de un cuerpo con otro, hay devenir. El devenir es algo que sucede entre dos cosas que se encuentran, y eso que sucede no es del orden del reconocimiento ni del juicio, sino de la captura o el robo. A partir de lo que se es, del propio territorio se extraen partículas en contacto con lo que se deviene: el devenir es un proceso de deseo.(14)

Es así como circula la vida, y es así como se mueve el deseo. Siempre mediante empujes exteriores y conexiones productivas. (17)

Como nuevo personaje que es, entra en liza con la idea pre-existente, la que sostiene nuestro lenguaje y nuestra cultura, según la cual el deseo es un movimiento hacia algo que no tenemos: el deseo se manifiesta ante una falta, una carencia, y la satisfacción del deseo reside en la posesión de aquello que nos falta. Por lo tanto pensamos que lo satisfactorio es no desear, que es más feliz quien no desea porque eso significa que no le falta nada. Una concepción del deseo como carencia de algo siempre vincula el deseo al objeto: deseo esto o esto otro, deseo a tal persona, deseo estudiar esa carrera... Y como concebimos al mismo tiempo que existen objetos malos y objetos buenos, juzgaremos que un deseo es bueno o malo según la naturaleza buena o mala de su objeto. Así pues, el objeto es trascendente al deseo, es lo que permite desde fuera del propio deseo juzgar su bondad o su maldad. El concepto de deseo de Deleuze no se define por la carencia, ni por el juicio trascendente. Para empezar, Deleuze dice que el inconsciente es una fábrica y que el deseo es producción. Esta idea podría expresarse diciendo que no es cierto que se desee un objeto, sino que siempre que se desea se desea un conjunto. Hablamos de manera abstracta cuando decimos que deseamos este o aquel objeto, porque nuestro deseo siempre es concreto, siempre es el deseo de un conjunto espacial, geográfico, temporal, territorial, concreto.

Si el deseo es producción, hay que concluir que no es algo espontáneo. (…) el deseo es siempre deseo de un conjunto, entonces es el propio sujeto del deseo el que dispone los elementos, los coloca unos al lado de otros, los concatena (esto es justamente lo que hace la publicidad, construye el deseo, lo propone ya hecho a los espectadores, y estos, cuando lo adoptan, desean esa construcción: sin embargo, acaban igualmente creyendo que poseerán la construcción entera con la mera compra del producto).

Esta es la fórmula de Deleuze: el deseo discurre dentro de una disposición o concatenación.

Lo verdaderamente difícil es desear, porque desear implica la construcción misma del deseo: formular qué disposición se desea, qué mundo se desea, para que sea el mundo que te con-viene, el mundo que aumenta tu potencia, el mundo en el cual tu deseo discurra.

La enseñanza es un lugar privilegiado de contagio del deseo.

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jueves, 9 de septiembre de 2010

LA DESTRUCCIÓN DE LA HISTORIA DE LA METAFÍSICA

Introducción

Inauguramos una nueva sección en el blog, enfrentando con valentía y decisión el desafío heideggeriano para de-con-struir la historia de la metafísica. A diferencia del camino emprendido por el citado pensador, que ha reinterpretado a los principales filósofos de la historia de la filosofía, nuestro blog hará públicas las interpretaciones de diferentes personas que han cursado o cursan asignaturas filosóficas, como testimonio concreto y militante de la de-cons-trucción cotidiana de aquella historia.

La deconstrucción

Comencemos azarosamente por las descripciones de la vida en la polis en antigüedad griega:
¿Qué caractariza a la polis, propia de los griegos que inventaron la filosofía? ¿Por qué se identifica a la polis con la democracia?
Uno de nuestros pensadores dice:
"En la polis toda la comunidad tenía derecho a tirar ideas para solucionar los problemas...."
Y otro agrega:
"La polis es una ciudad en la cual se sacan muchas conclusiones".
Y un tercero nos aclara que ello se debe a que la comunidad define lo humano:
"El hombre llega a ser hombre cuando se organiza en sociedad y no puede incidirse (sic) de la misma..."
Por otro lado, un cuarto pensador, advierte que no hay que confundir al significado de "hombre" con el de "ser humano", porque
"La mujer está ligada a los quehaceres domésticos, piensa poquito, decide o toma decisiones en su hogar...."
Finalmente, un quinto señala que nada de esto hubiese sido posible sin que se dieran ciertas condiciones para el diálogo y el debate, como por ejemplo
"Las condiciones de su funcionamiento son no abusar de la violencia..."

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sábado, 24 de abril de 2010

LO ESCRITO EN LA PIEDRA PERDURA PARA SIEMPRE

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Citas de ENSAYO SOBRE LA CEGUERA de José Saramago (Alfaguara, México, 1998).


Nunca se puede saber de antemano de qué son capaces las personas (237)

…si atendemos a las circunvoluciones del espíritu humano, donde no existen caminos cortos y rectos… (23)

no se podía negar, pero también es cierto, si eso le sirve de consuelo, que si antes de cada acción pudiésemos prever todas sus consecuencias, nos pusiésemos a pensar en ellas seriamente, primero en las consecuencias inmediatas, después, las probables, más tarde las posibles, luego las imaginables, no llegaríamos siquiera a movernos de donde el primer pensamiento nos hubiera hecho detenernos. Los buenos y los malos resultados de nuestros dichos y obras se van distribuyendo, se supone que de forma bastante equilibrada y uniforme, por todos los días del futuro, incluyendo aquellos, infinitos, en los que ya no estaremos aquí para poder comprobarlo, para congratularnos o para pedir perdón, hay quien dice que eso es la inmortalidad de la que tanto se habla (60)

pero, así es el mundo, tiene la verdad muchas veces que disfrazarse de mentira para alcanzar sus fines (95-6)

Siempre ha habido peleas, luchar fue siempre, más o menos, una forma de ceguera (100)

Es usted optimista, doctor. No es que sea optimista, es que no puedo imaginar nada peor de lo que estamos viviendo. Pues yo empiezo a pensar que no hay límites para lo malo, para el mal… (108)

Sabían lo que les esperaba, la noticia de las humillaciones no era secreto para nadie, ni había en estos vejámenes nada nuevo, seguro que el mundo comenzó así. (140)

…pero sabía que si fuese necesario volvería a matar, Y cuándo es necesario matar, se preguntó a sí misma mientras se dirigía hacia el zaguán, y a sí misma se respondió. Cuando está muerto lo que aún está vivo. (143)

¿Y ahora? Ahora estamos libres, ellos saben lo que les espera si quieren servirse de nosotras otra vez. Va a haber lucha, guerra. Los ciegos están siempre en guerra, siempre lo han estado… (144)

Quien va a morir está ya muerto y no lo sabe, Que hemos de morir es algo que sabemos desde que nacemos. Por eso, en cierto modo, es como si ya hubiéramos nacido muertos. (150)

…el gran error del ciego contable fue creer que bastaba apoderarse de la pistola para detentar el poder en el bolsillo. Así como el hábito no hace al monje, tampoco el cetro hace al rey, es ésta una verdad que conviene no olvidar. (156-7)

…en la muerte la ceguera es igual para todos. (156)

…a fin de cuentas lo que está claro es que todas las vidas acaban antes de tiempo. (162)

Están sentados juntos, las tres mujeres y el niño en medio, los tres hombres alrededor, quien los viese diría que nacieron así, verdad es que parecen un cuerpo solo, con una sola respiración y una única hambre. (163)

Algunos de estos ciegos no lo son sólo de los ojos, también lo son del entendimiento (164)


…tendría que quedarse ciega ella también para comprender que una persona se acostumbra a todo, especialmente si ha dejado de ser persona (167)

…hasta este punto puede engañarse el espíritu cuando se rinde a los monstruos que él mismo ha creado. (171)

Dios mío, la luz existe, y yo tengo ojos para verla, alabada sea la luz. (172)

…qué frágil es la vida si la abandonan. (184)

Has dicho que hay grupos de ciegos organizados, observó el médico, eso significa que se están inventando maneras nuevas de vivir. (189)

…por primera vez se preguntó si tenía algún motivo para seguir viviendo. No encontró respuesta, las respuestas no llegan siempre cuando uno las necesita, muchas veces ocurre que quedarse esperando es la única respuesta posible. (193)

…pero ninguno de nosotros, candiles, perros o humanos, sabe, al principio, todo aquello para lo que venimos al mundo. (203)

..soy simplemente la que ha nacido para ver el horror, (204)

¿Quiere decir que tenemos palabras de más? Quiero decir que tenemos sentimientos de menos. O los tenemos, pero dejamos de usar las palabras que los expresan. Y, en consecuencia, los perdemos (216)

No tengo la certeza, dijo la mujer. Ni yo, dijo la chica de las gafas oscuras. (220)

El único milagro a nuestro alcance es seguir viviendo, dijo la mujer, amparar la fragilidad de la vida un día tras otro. (220)

Es una gran verdad eso de que el peor ciego es el que no quiere ver. Pero yo quiero ver, dijo la chica de las gafas oscuras, No por eso vas a ver, la única diferencia es que dejarías de ser la peor ciega, y, ahora, vámonos, no hay más qué ver aquí, dijo el médico. (221)

Bien cierto es que lo difícil no es vivir con las personas, lo difícil es comprenderlas, dijo el médico. (223)

Las imágenes no ven. Equivocación tuya, las imágenes ven con los ojos que las ven, sólo ahora la ceguera es para todos. Tú sigues viendo. Iré viendo menos cada vez, y aunque no pierda la vista me volveré más ciega cada día porque no tendré quien me vea. (236)

Nunca se puede saber de antemano de qué son capaces las personas. (237)

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Es la lógica de una sociedad que puede permitirse hacer a un lado la lógica y jugar con la destrucción; una sociedad con un dominio técnico de la mente y de la materia.
H. Marcuse, El hombre unidimensional, Barcelona, Planeta.Agostini, 1985, p. 119.

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De este modo se revela que la razón no es, como el sentido y la memoria, innata en nosotros, ni adquirida por la experiencia solamente, como la prudencia, sino alcanzada por el esfuerzo : en primer término, por la adecuada imposición de nombres, y, en segundo lugar, ,aplicando un método correcto y razonable, al progresar desde los elementos, que son los nombres, a las aserciones hechas mediante la conexión de uno de ellos con otro; y luego hasta los silogismos, que son las conexiones de una aserción a otra, hasta que llegamos a un conocimiento de todas las consecuencia de los nombres relativos al tema considerado; es esto lo que los hombres denominan CIENCIA. Y mientras que la sensación y la memoria no son sino conocimiento de hecho, que es una cosa pasada e irrevocable, la Ciencia es el conocimiento de las consecuencias y dependencias de un hecho respecto a otro: a base de esto, partiendo de lo que en la actualidad podemos hacer, sabemos cómo realizar alguna otra cosa si queremos hacerla ahora, u otra semejante en otro tiempo. Porque cuando vemos cómo una cosa adviene, por qué causas y de qué manera, cuando las mismas causas caen bajo nuestro dominio, procuramos que produzcan los mismos efectos.

Hobbes, T., Leviatán, capítulo 5.

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En efecto: todos los hombres, por naturaleza, razonan del mismo modo, y lo hacen bien, cuando tienen buenos principios. Porque, ¿quién sería tan estúpido para equivocarse en Geometría, y persistir en ello, si otros le señalan su error?

Hobbes, T., Leviatán, capítulo 5.

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El impacto del progreso convierte a la Razón en sumisión a los hechos de la vida y a la capacidad dinámica de producir más y mayores hechos de la misma especie de vida. La eficacia del sistema impide que los individuos reconozcan que el mismo no contiene hechos que no comuniquen el poder represivo de la totalidad.

Marcuse, H., El hombre unidimensional, Planeta, Barcelona, 1985, p. 41.
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Los productos adoctrinan y manipulan; promueven una falsa conciencia inmune a su falsedad. Y a medida que estos productos útiles son asequibles a más individuos en más clases sociales, el adoctrinamiento que llevan a cabo deja de ser publicidad; se convierten en modo de vida. Es un buen modo de vida —mucho mejor que antes—, y en cuanto tal se opone al cambio cualitativo. Así surge el modelo de pensamiento y conducta unidimensional en el que ideas, aspiraciones y objetivos, que trascienden por su contenido el universo establecido del discurso y la acción, son rechazados o reducidos a los términos de este universo.

Ibid., p. 42
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En esta sociedad, el aparato productivo tiende
a hacerse totalitario en el grado en que determina, no sólo las
ocupaciones, aptitudes y actitudes socialmente necesarias, sino
también las necesidades y aspiraciones individuales. De este modo
borra la oposición entre la existencia privada y pública, entre las
necesidades individuales y sociales. La tecnología sirve para instituir
formas de control social y de cohesión social más efectivas y más
agradables. La tendencia totalitaria de estos controles parece
afirmarse en otro sentido además: extendiéndose a las zonas del
mundo menos desarrolladas e incluso preindustriales, y creando
similitudes en el desarrollo del capitalismo y el comunismo.
Ante las características totalitarias de esta sociedad, no puede
sostenerse la noción tradicional de la o neutralidad» de la tecnología.
La tecnología como tal no puede ser separada del empleo que se
hace de ella; la sociedad tecnológica es un sistema de dominación
que opera ya en el concepto y la construcción de técnicas. (26)

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En virtud de la manera en que
ha organizado su base tecnológica, la sociedad industrial
contemporánea tiende a ser totalitaria. Porque no es sólo «totalitaria»
una coordinación política terrorista de la sociedad, sino también una
coordinación técnico-económica no-terrorista que opera a través de la
manipulación de las necesidades por intereses creados, impidiendo
por lo tanto el surgimiento de una oposición efectiva contra el todo.
No sólo una forma específica de gobierno o gobierno de partido hace
posible el totalitarismo, sino también un sistema específico de
producción y distribución que puede muy bien ser compatible con un
«pluralismo» de partidos, periódicos, «poderes compensatorios», etc. (33)

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Al llegar a este punto, la dominación —disfrazada de opulencia y
libertad— se extiende a todas las esferas de la existencia pública y
privada, integra toda oposición auténtica, absorbe todas las
alternativas. La racionalidad tecnológica revela su carácter político a
medida que se convierte en el gran vehículo de una dominación más
acabada, creando un universo verdaderamente totalitario en el que
sociedad y naturaleza, espíritu y cuerpo, se mantienen en un estado de
permanente movilización para la defensa de este universo. (48)
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“Nosotros no sabemos nada de nosotros mismos” (p. 72)
“Detrás de toda cultura está siempre el suelo” (p. 74). El suelo es un fundamento, una base, pero también un lastre, porque pesa. El suelo “simboliza el margen de arraigo que toda cultura debe tener. Es por eso que uno pertenece a una cultura y recurre a ella en los momentos críticos para arraigarse y sentir que está con una parte de su ser prendido al suelo. Uno piensa entonces qué sentido tiene toda esa pretendida universalidad enunciada por los que no entienden el problema. No hay otra universalidad que esta condición de estar caído en el suelo, aunque se trate del altiplano o de la selva. De ahí el arraigo y, peor que eso, la necesidad de ese arraigo, porque, si no, no tiene sentido la vida” (p. 74)

Rodolfo Kusch, Geocultura del hombre americano, Buenos Aires, Garcia CAmbeiro, 1976.

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